Desde que era chica, mi gran sueño fue que mis padres tuvieran una casa propia. En el año 2004 sucedieron varias cosas que hicieron que en el año 2005 pudiéramos finalmente cumplir ese sueño. Yo ya no vivo más en Lima; pero siento que esa nueva casa es tan mía como de ellos.
Entre diciembre del 2005 y enero del 2006 pasé una temporada en la nueva casa, y en una clase de redacción de crónica periodística que tomé, uno de los ejercicios fue describir el olor de nuestra casa. Este es el texto que nació con ese ejercicio, publicado en un blog anterior mío.
"Mi casa huele a jabón y a ropa recién planchada; a frutas y verduras; a madera y a pintura; a libros y periódicos.
¡Mi casa huele!
Huele a húmedo, pero también a seco; a desorden pero también a limpieza; a nuevo, pero también a viejo. Sobre todo eso, a nuevo y a viejo.
El edificio se terminó de construir en marzo y mi familia se instaló en abril. Durante nuestras visitas a la obra antes de terminada, desde que era un simple hueco sobre la tierra hasta que nos entregaron las llaves del departamento, la casa olió a tierra seca, luego a tierra húmeda, luego a cemento, luego a madera, luego a pintura, luego a barniz y luego otra vez a pintura. La combinación inconfundible de cemento fresco, de madera recién colocada y pintura recién puesta, acompañada del eco de una habitación vacía y el nuevo sonido del seguro de una puerta, renueva el alma de una familia. Esta es nuestra primera casa propia; por eso, el olor a pintura fresca también es un olor a sueños cumplidos.
Pero a pesar de que mi casa tiene apenas seis meses de vida, también huele a viejo. Huele a décadas de típicas costumbres de japoneses que todo lo guardan. Huele a “mailings de marketing directo” del nuevo milenio, a fotocopias de facultad de los noventa, a cuadernos de colegio de los años ochenta, a “El Tesoro de La Juventud” de los setenta, a revistas Selecciones de los sesenta, al globo terráqueo de cuando el mundo tenía menos países. Un olfato agudo podría encontrar incluso cosas más viejas entre las cajas que hábilmente hemos logrado apiñar en 80 metros cuadrados.
Por eso mi casa también huele a resistencia. Quizá cada uno de nosotros, los que vivimos ahí, tenemos nuestras propias razones para priorizar el desorden sobre la vida moderna y casi minimalista que nos venden los programas de cable y los suplementos de decoración de El Comercio y donde una casa nueva es la mejor –si no la única—excusa para empezar de nuevo. Puede ser que nuestras cajas con cachivaches representen lo mejor de nuestras vidas y queramos conservarlas.
Quizá porque necesitamos que la casa huela a recuerdos y aún no los tiene; porque en el fondo, el olor de una casa es lo que lo convierte en un hogar."
Thursday, January 10, 2008
Sunday, January 6, 2008
La segunda caja y ya me estoy aburriendo
Ayer cerré la segunda caja, con lo que quedaba de mis libros, los CDs originales y pirata, los marquitos de fotos. La segunda caja fue otro repaso de seis años de recuerdos y gusto musical más o menos constante (tengo aparte las toneras del 2001 al 2003 si a alguien le interesa, y si alguien tiene el mp3 de "El Embrujo" y "La Culebrítica" por favor compártalos), además de una fiebre por los portavelitas de Ikea.
Ayer también fue un repaso de varios cambios de guardarropa y de toma de decisiones. Decidí por fin hacer algo con ciertas prendas circa 1997: sacos entallados pero con hombreras (en qué estaban pensando????) A decir verdad, las usaría, de no ser porque mis brazotes se encogieron un poco y tengo menos con qué rellenar los sacos, y eso hace que las hombreras se vean más chorreadas que los brazos de varias [tías] que conozco. Además de esos sacos, tengo una maleta llena de ropa "esperando volverse vintage", o sea, hay que darle unos 10 añitos más, pero no sé si tendré la paciencia y el espacio para conservarlos, así que varios de esos ítems irán a parar de vuelta a Lima o a alguna "feria americana" como las llaman aquí. Espero no arrepentirme.
Logros del día [de ayer]:
Ayer también fue un repaso de varios cambios de guardarropa y de toma de decisiones. Decidí por fin hacer algo con ciertas prendas circa 1997: sacos entallados pero con hombreras (en qué estaban pensando????) A decir verdad, las usaría, de no ser porque mis brazotes se encogieron un poco y tengo menos con qué rellenar los sacos, y eso hace que las hombreras se vean más chorreadas que los brazos de varias [tías] que conozco. Además de esos sacos, tengo una maleta llena de ropa "esperando volverse vintage", o sea, hay que darle unos 10 añitos más, pero no sé si tendré la paciencia y el espacio para conservarlos, así que varios de esos ítems irán a parar de vuelta a Lima o a alguna "feria americana" como las llaman aquí. Espero no arrepentirme.
Logros del día [de ayer]:
- Desaparecí TODO lo que había debajo de mi cama y apareció una mancha de humedad sobre la alfombra. Yo no fui. Se nota que que hay rincones de un monoambiente donde jamás ha llegado una escoba (ni los ha mirado un par de ojos).
Friday, January 4, 2008
La primera caja
Hoy cerré la primera caja. Empecé con lo más fácil, las revistas y los libros. Tuve que deshacerme de la mitad de las revistas. Sólo guardé los Etiqueta Negra, Adlatina y LatinSpots.
Mientras metía libros en la caja, tenía a Ibukita (así se llama mi laptop, una iBook G4 de 12", con las letras del teclado ya desaparecidas y una batería reciclada) sobre la cama, chateando en grupo con Carla y Silvia, sobre cuánto tiempo más vivir en Buenos Aires. Una la tiene más clara que las otras, otra no quiere ni pensarlo, otra lo está debatiendo. Una más, que no estaba en la charla pero también compañera de colegio desde primer grado, está por mudarse a Buenos Aires también.
El que yo esté hablando con ellas mientras meto libros en una caja también significa algo: empezar de nuevo, dejar atrás la vida en Nueva York que dejé hace más de tres años pero a la que aún estoy algo aferrada, recordar con cariño la época de estudiante de maestría en Richmond. Olvidar cuadernos y más cuadernos con mis memorias mezcladas con apuntes de universidad con cosas que tenía que hacer desde que empezó el milenio. Los cuadernos están ahora en la basura; y lo que ellos contienen son ahora sólo memorias.
Logros de los últimos dos días:
- Compré tres cajas de mudanza a $10 pesos cada una (el que lea esto y tenga cajas viejas que le sobren avíseme)
- Puse la casa patas arriba: bolsas con etiquetas en todos lados y cuatro bolsas de basura.
- Desocupé los cajones de la cocina. Todos (los cuatro)
Tips para empacar cachivaches varios: bolsas y más bolsas
Tip #1 Bolsa y Caja
Suena complicado pero al final de cuentas hace todo más fácil. En resumen es, primero en bolsas (esas de papel, de shopping) y luego en cajas.
La primera metida, o sea la de las bolsas, es para ir clasificando tus cachivaches. Junta todo lo que sea de la misma categoría: piensa en los pasillos de Wong (Jumbo, Disco, Norte, etc. si estás en Argentina) y mete en la misma bolsa todo lo que creas que iría en el mismo pasillo o la misma góndola. Luego escribe en la bolsa BIEN GRANDE qué estás metiendo. Deja las bolsas abiertas hasta el último minuto.
La segunda metida es la de las bolsas dentro de las cajas. Ahí vas metiendo bolsas de categorías similares o que pertenezcan al mismo ambiente, por ejemplo, la bolsa con tus vasos (bien envueltitos en El Comercio, El Trome o lo que sea que dizque leas) iría en la misma caja que la bolsa de cubiertos y la de tapers. Así, en vez de meter tres mil huevaditas en una caja, metes tres o cuatro bolsas grandes. De pasadita, la bolsa te sirve como amortiguador extra.
Tip #2: La bolsa de "Huerfanitos"
Agarra una bolsa más o menos grande y ponle de nombre "huerfanitos" (o cualquier nombre que se te ocurra que signifique lo mismo). La idea es que aquí metas todo lo que en ese momento te parezca inclasificable y por lo tanto imposible de meter en alguna caja (porque lo más probable es que se te pierda). Aquí va tu latita de betún para lustrar zapatos, la figurita de la Virgencita de Chapi que no sabes si va con los libros, con tus collares, las cartas de tus enamorados o debajo de la almohada, etc.
Tip #3: Bolsas viajeras
La bolsa de "huerfanitos" y una bolsa de basura van rotando por la casa a medida que vas empacando cosas. Si estás desocupando algún estante o repisa, ten a la mano las dos bolsas para ir tirando cosas o separándolas hasta que decidas dónde ponerlas. De cuando en cuando acuérdate de las cosas que metiste en la bolsa de huerfanitos porque seguro que a medida que vas avanzando vas a se te va a ir ocurriendo dónde ponerlos, pobrecitos.
Tip #5: Bolsas dentro de cajones
No, no me he fumado nada. En serio sirve. Agarra bolsas grandotas (así como las que te dan en la lavandería o tintorería) y mete todo lo que tengas en el mismo cajón de ropa. Luego pon la bolsa dentro del cajón. La idea es proteger la ropa para que cuando se lleven los cajones al camión de mudanza se los lleven con la ropa adentro; así no tienes que llevarlo todo aparte. En caso sí tengan que llevarse los cajones vacíos, ya tienes la misma cantidad de bolsas y cajones y desempacar va a ser más fácil.
Thursday, January 3, 2008
Limpiar la casa, limpiarse uno
Hoy empecé oficialmente el proceso de limpieza general de mi hogar, léase tirar cachivaches a la basura. Aprovecho para organizar algunas cosas en bolsas de shopping de aquellos años pre-inflación. Descubrí que estoy matando dos pájaros de un tiro: a medida que guardo cosas, queda registrado en el blog que tengo hecho y qué me falta hacer. En realidad tres: a medida que escribo y guardo, desempaco la maleta de mi último viaje a Lima.
Logros del día:
- Compré un rollo de cinta de embalar y un plumón indeleble.
- Todos los frascos de "cuidado personal" de tamaño natural fueron a una bolsa; los treintaipico en miniatura que me "guardo" de los hoteles en cada viaje están en otra.
- Las Cosmopolitan fueron a la basura (muy a mi pesar), las Etiqueta Negra las guardé (para parecer culta).
- Los cinturones están en una bolsa de Zara.
- La bolsa de Stock Center tiene lo que le voy a dejar a Mónica como herencia.
- La bolsa de Ayres tiene lo que me llevo en febrero a Lima para dejárselo a mi mamá.
- Ya le avisé a Carla que se lleve el casacón de invierno que está encima del ropero hace dos años.
Wednesday, January 2, 2008
¿Cuánto Te Vale, Cuánto Te Cuesta?
Mi primera mudanza sola fue en agosto del 2001, y resultó bastante sencilla. Conocí a mi roommate via internet, ambas íbamos a tomar el mismo programa de maestría en Richmond, Virginia. Intercambiamos algunos e-mails contándonos qué llevaba cada una, así conocíamos los gustos de la otra. Ella: libros de música, partituras varias, teclado. O sea, una marciana con talento musical. Yo: medio Plaza Sésamo en peluche. O sea, una loca que no tuvo infancia. Ella trajo todo en dos autos que manejaron ella y su papá durante 15 horas desde Chicago. A mi me bastó tres maletas (una completamente dedicada a los peluches) y una mochila. Costo cero.
Dos años después me mudé a Nueva York, y para entonces yo ya había acumulado algunos bienes. En mayo del 2003 llegaron a mi casa dos tipos con un uniforme que parecía el disfraz de Quico de El Chavo Del Ocho (sin la corbatita, obvio) cuya misión era desmantelar mi departamento. Metieron todo lo que pudieron en cajas hermosas, cada cachivachito empaquetado con una rapidez impresionante pero sin dejar de ponerle cariño a cada cosa envuelta en papel... ¡en blanco! Usar diarios viejos habría sido una ofensa. 15 cajas entre libros de segunda mano y platos comprados en K-mart fueron trasladadas desde 411 N. Boulevard en Richmond, a 785 Ninth Avenue en Manhattan. Costo: cero. Quizá esas cajas lindas con ese olorcito a nuevo, el papel de envolver sin una sola letra impresa y el uniforme de Quico costaron más que los bienes que mi nuevo trabajo me ofreció trasladar.
Al año siguiente se repitió la operación, y esta vez se trasladó todo a Argentina. 25 bultos entre cajas, muebles finos regalados y muebles baratos de Ikea llegaron al puerto de Buenos Aires dos meses antes de que yo encontrara un lugar dónde ponerlos. Pero eso otra historia. Llegaron las cajas y los bultos y un hermano y un novio que acudieron al rescate para ayudarme a poner las cosas en su sitio. Costo: cero.
Tres años más tarde, perdida mi condición de empleada expatriada, y con el afán de trasladar la mayor cantidad de cosas por el menor precio, las cosas no son tan fáciles. Hoy pasé por un sitio que hace mudanzas: Palmo en la esquina de Arévalo y Soler.
Hoy aprendí que para departamentos chiquitos conviene más un "taxi-flete" (menos mal que estamos en Argentina, en Perú ese servicio no se anuncia ni se recomienda tan abiertamente), que cobra más o menos $40 la hora por un camión y dos peones a $14 la hora.
Uy. Un camión y dos chicos a 14 pesos la hora. Y encima el camión viene con mantitas.
Uy.
Dos años después me mudé a Nueva York, y para entonces yo ya había acumulado algunos bienes. En mayo del 2003 llegaron a mi casa dos tipos con un uniforme que parecía el disfraz de Quico de El Chavo Del Ocho (sin la corbatita, obvio) cuya misión era desmantelar mi departamento. Metieron todo lo que pudieron en cajas hermosas, cada cachivachito empaquetado con una rapidez impresionante pero sin dejar de ponerle cariño a cada cosa envuelta en papel... ¡en blanco! Usar diarios viejos habría sido una ofensa. 15 cajas entre libros de segunda mano y platos comprados en K-mart fueron trasladadas desde 411 N. Boulevard en Richmond, a 785 Ninth Avenue en Manhattan. Costo: cero. Quizá esas cajas lindas con ese olorcito a nuevo, el papel de envolver sin una sola letra impresa y el uniforme de Quico costaron más que los bienes que mi nuevo trabajo me ofreció trasladar.
Al año siguiente se repitió la operación, y esta vez se trasladó todo a Argentina. 25 bultos entre cajas, muebles finos regalados y muebles baratos de Ikea llegaron al puerto de Buenos Aires dos meses antes de que yo encontrara un lugar dónde ponerlos. Pero eso otra historia. Llegaron las cajas y los bultos y un hermano y un novio que acudieron al rescate para ayudarme a poner las cosas en su sitio. Costo: cero.
Tres años más tarde, perdida mi condición de empleada expatriada, y con el afán de trasladar la mayor cantidad de cosas por el menor precio, las cosas no son tan fáciles. Hoy pasé por un sitio que hace mudanzas: Palmo en la esquina de Arévalo y Soler.
Hoy aprendí que para departamentos chiquitos conviene más un "taxi-flete" (menos mal que estamos en Argentina, en Perú ese servicio no se anuncia ni se recomienda tan abiertamente), que cobra más o menos $40 la hora por un camión y dos peones a $14 la hora.
Uy. Un camión y dos chicos a 14 pesos la hora. Y encima el camión viene con mantitas.
Uy.
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